El Patriarcado greco-ortodoxo de Jerusalén amenaza con cerrar el Santo Sepulcro, donde según la tradición fue sepultado Cristo. Esa institución protesta contra la empresa israelí de agua Hagihon, que le reclama 9 millones de shekel (U$S 2,1 millones) por deudas y que le hizo bloquear las cuentas bancarias. Sería imposible que el Patriarcado griego decida por sí solo el cierre de la basílica, porque para ello necesita el acuerdo de las iglesia católica romana y armenia de Jerusalén, que gestionan otras partes del Santo Sepulcro. Pero el asunto reactualiza los dilemas del statu quo que protege el lugar. Con las cuentas bloqueadas, el Patriarcado no puede pagar sueldos de sacerdotes ni gastos. Las reglas de convivencia fueron establecidas en 1852 por los otomanos y rigen estrictamente. Cambiar horarios de misa y procesiones es imposible. Para evitar conflicto, las llaves están desde hace siete siglos en manos de dos grandes familias musulmanas.